miércoles 4 de noviembre de 2009

El Palacio de la Luna



"... Así fue como finalmente me rescataron: porque los dos salieron a buscarme. En aquel momento yo lo ignoraba, claro está, pero, sabiendo lo que sé ahora, me es imposible recordar aquellos días sin sentir una oleada de nostalgia por mis amigos. En cierto sentido, eso altera la realidad de lo que experimenté. Yo había saltado desde el borde del acantilado y justo cuando estaba a punto de dar contra el fondo, ocurrió un hecho extraordinario: me enteré de que había gente que me quería.




Que quieran a uno de ese modo lo cambia todo. No disminuye el terror de la caída, pero te da una nueva perspectiva de lo que significa ese terror. Yo había saltado desde el borde y entonces, en el último instante, algo me cogió en el aire. Ese algo es lo que defino como amor. Es la única cosa que puede detener la caída del hombre, la única cosa lo bastante poderosa como para invalidar las leyes de la gravedad"




Paul Auster, El Palacio de la Luna.




Un sedal transparente nos mantiene unidos los unos con los otros,
metros o incluso kilómetros tenemos de margen de distancia,
pero un día, cuando estás dispuesto a todo sin conservar nada,
el hilo tira de ti,
vuelves la cabeza,
y allí están.

jueves 29 de octubre de 2009

Eternos

No sé cómo sucedió, ni por qué, por qué permití que formara parte de mi vida. Poco a poco se fue entretejiendo una relación entre nosotros, fue sutil su incursión en mi rutina, tanto que no logro recordar la débil y borrosa línea que nos separaba. Que separaba su mundo del mío.


Ambos nos necesitábamos, nos complementábamos. Necesitaba de mí, de mi tangibilidad, de mi mundo real para vivir, para que su vida tuviera un nexo de unión con la realidad. Y yo necesitaba de él, para evadirme de ella... Una vida a medio camino, que como una lazada une extremos opuestos.

Mi día a día iba a compañado por su voz, por el eco y el susurro de su voz en mi mente, recorriendo rincones inexplorados. Atendiendo a su historia me olvidaba de la mía.

El tiempo iba pasando y su voz seguía tejiendo una vida irreal, que me tenía absorta, que lograba que viajara y abandora mi cuerpo... Lo único que nos quedaba como asidero de la realidad.

Sin embargo, un día se marchó, poco a poco se fue despidiendo, hasta que su voz dejó de escucharse en mi mente...

Sin permitir que el tiempo se tomara un descanso comencé a embarcarme en otra historia, y fue entonces cuando me sorprendí buscándole a él entre las páginas de otro libro que no le pertenecía. Buscaba entre los personajes desconocidos que pretendían formar parte de mi camino su voz, su historia, seguía buscándole a él... A ese personaje que durante un tiempo efímero formó parte de mi vida.


A veces, como cuando terminas un libro, necesitas un tiempo de reflexión,

un tiempo para desvincularte de esos personajes, de cerrar etapas y empezar otras.

Cuando no dejas las heridas cicatrizar,

corres el peligro de que la sangre vuelva a estar presente...

... Corres el peligro de que ese personaje se cuele en la nueva historia
y anule al elenco recién llegado...


... El problema es que existen personajes eternos...

miércoles 14 de octubre de 2009

El cuento número Trece


"La gente desaparece cuando muere. La voz, la risa, el calor de su aliento, la carne y finalmente los huesos. Todo recuerdo vivo de ella termina. Es algo terrible y natural al mismo tiempo. Sin embargo, hay individuos que se salvan de esa aniquilación, pues siguen existiendo en los libros que escribieron. Podemos volver a descubrirlos. Su humor, el tono de su voz, su estado de ánimo. A través de la palabra escrita pueden enojarse o alegrarse. Pueden consolarte, pueden desconcertarte, pueden cambiarte. Y todo eso pese a estar muertos. Como moscas en ámbar, como cadáveres congelados en el hielo, eso que según las leyes de la naturaleza debería desaparecer se conserva por el milagro de la tinta sobre el papel. Es una suerte de magia.


[...] ¿Nota un escritor fallecido que alguien está leyendo su libro? ¿Aparece un destello de luz en su oscuridad? ¿Se estremece su espíritu con la caricia ligera de otra mente leyendo su mente? Eso espero. Pues estando muertos deben de sentirse muy solos"

"El silencio no es el entorno natural para las historias- me dijo en una ocasión la señorita Winter- Las historias necesitan palabras. Sin ellas palidecen, enferman y mueren. Y luego te persiguen."
El cuento número Trece


Un escritor vive en su obra, pervive y sobrevive a los siglos,
al olvido, pero...
¿también son eternos sus personajes?
¿podemos mantener vivas a las personas a través de los años,
y hacerlas perdurar más allá de nuestra propia muerte?
Me gustaría que así fuera.

lunes 12 de octubre de 2009

Me mordí la voz

No te vayas, aún puedo quererte… Me dijiste cuando ya mi corazón estaba hecho jirones, cuando ya las puntadas no podían remendar el vacío de no tenerte. Te tenía sí, pero ya no eras mía.

Dejaste de serlo el día en el que dejaste que tu alma saliera a pasear sola, cuando buscaba en mundos ajenos aquello que no encontraba en éste, te fuiste y sin embargo podía seguir viéndote.

Algunas vidas se cruzan, pero las nuestras colisionaron, y quizás la misma fuerza que nos unió es ahora la que intenta, irrefrenablemente, separarnos.


La Eternidad dijo una vez que había cruzado océanos de tiempo para encontrarte… Ahora el tiempo se me desliza entre los dedos y como un simple espectador que no puede cambiar el guión, veo como te alejas de mí.

Las mujeres tenéis un instinto infalible para saber cuando alguien se está enamorando perdidamente de vosotras. Y quizás, por eso te adoraba más, por esa estupidez eterna de perseguir a los que nos pueden hacer daño.

No pretendo cambiar el curso de las cosas, ni tan siquiera seguirlo… Me conformo con saber que he podido caminar junto a ti, aunque nunca lograra seguir tu paso.

Ayer recogí mis recuerdos y los empaqué en una caja. Me fui sin hacer ruido, como llevaba viviendo estos últimos meses, tenía tantas cosas que decirte, tantas… que tal vez alguna, por muy efímera que fuera, podría haber hecho que permanecieras un instante más junto a mí…

Sin embargo, me mordí la voz.

martes 22 de septiembre de 2009

Contraluz





A contraluz pareces otro, como si tu negativo fuera más auténtico que tu lado real. Como si la luz que incide sobre ti te hiciera mostrarte tal y como eres, dejando de lado ese halo que te empeñas en mostrar.

La luz te desnuda y te muestra vulnerable.

Así, sin telón de fondo me gustas más. Me gusta tu silueta, auténtica y sin dobleces. Perfilada en el encuadre perfecto. Todo se funde a blanco y destaca sin tú quererlo.

Me gusta verte así, son pocos los momentos y difíciles de predecir, así que no te quito ojo para no perderme ninguno.

Mi sombra me confesó el otro día que le robaste el sentido, y ahora anda perdida rogándole al sol que se alíe con su causa…

martes 15 de septiembre de 2009

Estado actual

Tenía la costumbre de ir recolectando experiencias ajenas, robaba imágenes bonitas de la calle, se apropiaba de gestos de desconocidos, miradas insinuantes, tímidas o distraídas, manos que cuentan historias, historias sin pies ni cabeza... Para ella todo servía de tela para vestir a sus personajes.
Labios carmín para la chica que sueña con ser actriz, un bastón que sirva de batuta para el viejo cascarrabias que se aferra a la vida de los demás porque la suya hace años que le abandonó, un broche en forma de libélula para dar alas a la mujer que perdió la ilusión cuando un buen día se miró al espejo y no se reconoció...
Deberían de detenerla, por hurto a la Humanidad, por escándalo público y por apropiación indebida...

Nada queda a salvo de un escritor, son los ladrones más desalmados, te desvalijan el alma sin contemplaciones, te diseccionan los sentimientos para segregarlos de forma exhaustiva entre sus personajes, analizan cada movimiento, pensamiento, silencio... gesto, que hagas.

Cuidado con estar cerca de alguno, quizás, un buen día te sorprendas hablando desde las páginas de un libro.


Estado actual: robando matices a la vida,
mis personajes necesitan lo mejor. No me lo tengáis en cuenta.
Pronto verán la luz.

sábado 29 de agosto de 2009

Casualidad


Eres la casualidad que estaba esperando.

Esa que te hace cruzar en el momento oportuno, que te hace perder el autobús y tener que esperar al siguiente, esa que al girar la esquina te hace mirar a la izquierda y no a la derecha, esa que te hace retroceder por un olvido, la que te hace tomar una dirección y no otra… La que te sienta en el segundo vagón y no en el tercero, la que te hace levantar la vista del libro en el momento adecuado, aquella que te espera en el ascensor…


Mi casualidad inconsciente busca a la tuya.