miércoles, 10 de septiembre de 2008

Tardes de domingo


Las tardes de domingo son como el bolsillo del abuelo, que siempre tienen algo que te va a arrebatar una sonrisa.

Tardes relajadas, cuando las horas que echas en falta durante la semana se escapan hasta el final de sus días, para brindarte el último soplo de descanso. Esa hora que te roba el lunes y te hace despertar cuando estás en la última puntada de tu sueño, o la que se guarda el martes y te hace acelerar el ritmo de trabajo... la del miércoles en la comida o con la que más enojada te muestras, esa que el jueves hace que el beso se aplace un día más... Todas esas horas están dispuestas en las tardes de domingo...

Tardes melancólicas que dan por finalizada una semana, tardes que se repiten cada siete días y sin embargo, te embriaga la misma sensación de despedida... Esas tardes de balance, de encuentros o desencuentros, de recuerdos del pasado y planes de futuro, esas tardes que son el mejor billete para viajar... sin moverte del sofá.

Esas tardes en las no existen las prisas, en las que si tropiezas... esperan por ti.


2 comentarios:

Proyecto de Escritora dijo...

Estoy de acuerdo con tu visión sobre los domingos (aunque parece que son los días más cortos de la semana). te dejan un tiempo extra para uno mismo.

Un saludo!

Bohemia dijo...

Antes no me gustaban los domingos, me parecían días muy insulsos, que pasaban lentos, pero de un tiempo a esta parte le estoy tomando el gusto a esos días aprovechando sus horas...

Bss